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ES IMPERATIVO PROTEGER LA SALUD MENTAL DE LOS NIÑOS

Autora: Dra. Verónica López, Directora Centro Eduinclusiva. Columna publicada en La Tercera el 14 de abril de 2020. En medio de esta crisis sanitaria si hay algo que no podemos olvidar es la salud mental de nuestros niños, niñas y jóvenes. En este contexto, las autoridades gubernamentales deben por mandato constitucional garantizar el derecho a la salud mental y el bienestar de la ciudadanía y, por lo tanto, se hace urgente a nivel de Estado impulsar una agenda de prevención. Identificando la importancia de prestar atención a los impactos psicosociales de la pandemia, la Primera Ministra de Noruega tuvo una idea genial: conversar con los niños directamente y responder sus preguntas para tratar de entender qué les estaba pasando y cómo el encierro en casa los está afectando. En países como el nuestro –cuya realidad socioeconómica dista años luz de la del país escandinavo calificado como uno de los más democráticos del mundo– la desigualdad social significa que para muchas familias el #QuédateEnCasa y el #Teletrabajo simplemente no son opción. Entonces, niños, niñas y jóvenes están conviviendo –o lo harán en un futuro cercano– no sólo con el encierro y la enfermedad sino también con la pérdida de trabajo de la mamá, la reducción del salario del papá o con la angustia de sus cuidadores frente al intento de llevar comida a la mesa y no contagiarse en el intento. ¿Como sociedad estamos conscientes de su vulnerabilidad? ¿El Gobierno los está escuchando? A nivel internacional, Chile es uno de los países con peor salud mental. Niños y niñas menores de 6 años lideran el ranking y los estudiantes de entre 6 y 18 años tienen casi el doble de enfermedades mentales comparadas con indicadores internacionales. La investigación demuestra que la prevalencia de problemas de salud mental luego de una catástrofe aumenta de un 8% a un 50%. De ahí la importancia de impulsar una agenda de prevención para enfrentar la actual emergencia y fortalecer programas que han resultado exitosos. Con más de dos décadas de trayectoria y reconocimiento a nivel internacional, el Programa Habilidades para la Vida (HPV) –implementado por Junaeb– es un modelo de intervención psicosocial que incorpora acciones de detección y prevención del riesgo, promueve estrategias de autocuidado y desarrolla habilidades para la convivencia de los diferentes actores de la comunidad escolar. Siguiendo los lineamientos de la Organización Mundial de la Salud trabaja con redes comunitarias, apoyando a docentes y directivos para que a la vez apoyen a los niños y sus familias. Hoy está presente en 185 comunas, en más de 2.500 establecimientos educacionales atendiendo a más de 700 mil estudiantes. En situaciones de crisis que como sociedad hemos enfrentado HPV se ha consolidado como una respuesta efectiva para abordar los problemas de salud mental en las comunidades escolares más vulnerables; es un pilar fundamental en la red de apoyo psicosocial que podemos brindar, a través de la escuela, a las familias más pobres del país. Frente a la emergencia actual, HPV está trabajando y reorientando sus directrices para, acorde a los nuevos desafíos, continuar apoyando vía remota a cientos de directores y a miles de profesores para prevenir y contener problemas de salud mental latentes en la comunidad educativa. El Programa de Gobierno (2018-2022) declara promover y compatibilizar principios fundamentales, entre ellos, la justicia y la solidaridad, manifestando un compromiso con la protección a la infancia. En medio de esta pandemia, donde los problemas de salud mental emergen silenciosamente transformándose en una grave amenaza, nos complace saber que el Ministerio de Educación ha escuchado a quienes han pedido a viva voz que el Programa Habilidades para la Vida no sólo se mantenga sino que se fortalezca (Leer declaración expertos – Leer declaración equipos locales HPV) ¡No olvidemos a los niños! Proteger su salud mental es un imperativo. Leer publicación en La Tercera

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CARTA ABIERTA: LA SALUD MENTAL ES UNA PRIORIDAD EN TIEMPOS DE PANDEMIA

Representantes de diversas instituciones académicas y organizaciones que trabajan en el ámbito de la salud mental y la educación hacen un llamado enfático al Gobierno a impulsar una agenda de prevención y a incorporar la salud mental entre sus prioridades programáticas y presupuestarias cuidando particularmente programas como Habilidades para la Vida (HPV), implementado por Junaeb. En las últimas semanas en nuestro país se han implementado diversas estrategias para prevenir el contagio del COVID-19 basándose en evidencia y experiencias internacionales. Sin embargo, los efectos psicosociales han sido escasamente abordados, a pesar de que es claro que la pandemia genera impactos significativos en salud mental, ya sea por las condiciones de encierro, la alteración de la vida cotidiana y la incertidumbre respecto al futuro. Antes de las crisis de los últimos 6 meses, el estallido social y el COVID-19, Chile era uno de los países con peor salud mental en el mundo. Los niños y niñas menores de 6 años lideraban el ranking de problemas de salud mental y las y los estudiantes de 6 a 18 años tenían casi el doble de enfermedades mentales comparadas con las cifras internacionales. Esto es particularmente grave si atendemos a que la investigación en salud mental y crisis sociales muestra que la prevalencia de problemas de salud mental luego de una catástrofe aumenta de un 8 a un 50%. Los estudios sobre efectos de las cuarentenas nos muestran un escenario similar, destacando la aparición de trastornos de estrés postraumático y trastornos del estado ánimo, la activación de sintomatología psicótica latente o la agudización de los problemas de consumo de drogas y alcohol, viéndose además en Chile, el aumento de la violencia intrafamiliar.  Por lo tanto, no podemos esperar a que esta situación aumente en su gravedad. Al igual que con las medidas de prevención del COVID-19, tenemos que impulsar una agenda de prevención y promoción que garantice los derechos a la salud mental y el bienestar consagrados por la Constitución. La evidencia muestra la importancia de reforzar los dispositivos locales de salud, pues ellos permiten minimizar los impactos negativos de las crisis sanitarias y sociales, potenciando los recursos comunitarios existentes en los distintos territorios.  En este contexto, programas como Habilidades para la Vida (HPV) de la Junaeb, constituyen experiencias relevantes para la prevención temprana en salud mental, particularmente en espacio escolar. Se trata de una política pública con más de 20 años de trayectoria, que se ha consolidado como una respuesta efectiva para abordar los problemas de salud mental en las comunidades escolares más vulnerables. El HPV está presente en 185 comunas, 2.519 establecimientos educacionales y atiende a 705.102 estudiantes, 29.091 apoderados y 564.145 docentes. Ha sido un actor clave en el apoyo psicosocial a las familias más vulnerables en las diversas situaciones de crisis y emergencia que hemos enfrentado en los últimos años. El programa HPV es reconocido internacionalmente como uno de los dispositivos de salud mental escolar más grandes del mundo. Es un socio estratégico para el campo del desarrollo científico y tecnológico en políticas públicas de infancia y adolescencia del país, y uno de los programas públicos con mayor evidencia científica y cumplimiento de los estándares internacionales para servicios de salud mental. Este programa, constituye en consecuencia, una política exitosa que atiende a los estudiantes más pobres del país. El programa HPV cuenta con 321 proyectos compuestos por 2.202 profesionales que durante esta crisis han adecuado las estrategias presenciales de intervención a una modalidad virtual y a distancia. Esto ha permitido la continuidad del acompañamiento socioemocional a las comunidades educativas en el contexto de la actual crisis sanitaria. En algunas comunas, el HPV es uno de los pocos dispositivos estatales de apoyo disponible en materia de salud mental. Las rebajas presupuestarias en ámbitos claves como educación y en partidas específicas, entre ellas Junaeb, van en la dirección opuesta al cuidado integral de la salud individual y social, pues ponen en riesgo programas relevantes como HPV, que en este contexto se hacen más necesarios que nunca. La prevención mediante el aislamiento y hábitos de higiene ha sido un imperativo para evitar la expansión de la pandemia. Hoy llamamos también a ocuparnos de los efectos no siempre visibles, pero en expansión, de esta pandemia en la salud mental de la población. Instamos al gobierno a incorporarla entre sus prioridades programáticas y presupuestarias, cuidando particularmente los programas que como el HPV, han velado por la salud mental de los chilenos y chilenas durante las crisis anteriores y a implementar medidas específicas que atiendan esta dimensión tan relevante en la vida de las personas. Colegio de Psicólogos Colegio de Profesores y Profesoras de Chile Sociedad Interamericana de Psicología Sociedad Científica de Psicología Asociación Nacional de Psicología Educacional Sociedad Chilena de Psicología Comunitaria Sociedad Chilena de Psicología Clínica Asociación Latinoamericana de Medicina Social (Alames) Valparaíso Centro de Investigación para la Educación Inclusiva Centro de Investigación Avanzada en Educación Centro de Justicia Educacional Núcleo Mileno para Mejorar la Salud Mental de Adolescentes y Jóvenes (IMHAY) Grupo de Trabajo Infancia y Juventud, Red Clacso-Chile Multigremial EVEP – Espacio Vinculante para una Nueva Educación Pública Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres Equipo Psicosocial de Salud Mental Escolar, Universidad Academia de Humanismo Cristiano Programa de Apoyo a la Convivencia Escolar PACES-PUCV Centro de Sistemas Públicos, Universidad de Chile Departamento de Psicología, Universidad de Chile Escuela de Psicología, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso Departamento de Psicología, Universidad de La Frontera Escuela de Psicología, Universidad Católica del Norte Escuela de Psicología, Universidad Academia Humanismo Cristiano Escuela de Psicología, Pontificia Universidad Católica de Chile Departamento de Psicología, Universidad de Playa Ancha Facultad de Psicología, Universidad Alberto Hurtado Escuela de Psicología, Universidad de Santiago de Chile Escuela de Psicología, Universidad Nacional Andrés Bello sede Viña del Mar Revista de Psicología, Universidad de Chile Revista Psicoperspectivas, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso Revista Castalia, Universidad Academia de Humanismo Cristiano Revista Salud & Sociedad, Universidad Católica del Norte Revista Terapia Psicológica, Universidad de Santiago de Chile Descargar declaración en PDF

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LOS NIÑOS Y LA ESCUELA EN TIEMPOS DE PANDEMIA

Autoras: Dra. Lorena Ramírez y Dra. Verónica López, investigadoras del Centro Eduinclusiva. Columna publicada en El Mostrador el 8 de abril de 2020. La crisis sanitaria que conlleva el coronavirus nos ha encontrado a todos desprevenidos y hemos visto cómo se intenta tomar medidas para hacerle frente. Entre los múltiples espacios afectados está la escuela. Sus puertas cerraron abruptamente hasta nuevo aviso, dejando a miles de niños y niñas de un momento a otro en sus casas o lugares de acogida. En este escenario, se advierte como padres, madres y apoderados interpelan a los establecimientos educacionales a hacerse presentes de distintas maneras. Algunos alzan la voz pidiendo que no se dejen de transmitir los contenidos acordes al curriculum escolar para seguir recibiendo el servicio educativo. Otros, con agobio, reclaman el exceso de tareas que están recibiendo sus hijos e hijas debido a las dificultades que esto conlleva para su acompañamiento y seguimiento en casa. En estas disputas nos movemos frente a un Ministerio de Educación que ha centrado su accionar en el lanzamiento de la plataforma “Aprendo en línea” que entrega textos escolares y guías de estudio para que los niños, niñas y jóvenes puedan seguir aprendiendo desde sus hogares. El objetivo –plantea el Mineduc– es ayudar a que los niños y niñas puedan continuar con sus rutinas desde el hogar, proporcionando herramientas que permitan reforzar sus conocimientos y aprendizaje. Frente a esta iniciativa los profesores han debido readecuar rápidamente sus prácticas educativas, repensando –con más o menos competencias tecnológicas, con más o menos experiencias– cómo transmitir los contenidos mediante un sistema digital y a la vez, no dejar atrás a aquellos estudiantes que no tienen acceso a conectividad. Llama la atención –aunque no sorprende dada la existencia de una lógica educacional basada en el mercado y en la rendición de cuentas– que la primera respuesta al cierre de las escuelas esté siendo la de proveer materiales con información y guías de trabajo que los niños y niñas deben desarrollar en tiempos determinados y cuyo único énfasis está en asegurar una cobertura curricular. Sin embargo, es necesario entender que para niños y niñas la escuela es mucho más que eso. Si bien hay que aceptar que difícilmente se podrá llevar íntegramente la escuela al hogar el gran desafío está justamente en qué hacer para no perderla. De un día para otro niños y niñas se quedaron sin la escuela, sin sus rincones para conversar con sus compañeros/as, sin el saludo del profesor/a. Entre muchas cosas, se quedaron sin los actos y las canciones en conjunto, sin los recreos, e incluso para los creyentes, sin los rezos colectivos de cada mañana. En un país que se caracteriza por una alta segregación territorial y fragmentación de las relaciones sociales, los niños y niñas se quedaron sin ese espacio social que les permite encontrarse con un otro. Se quedaron sin esa disposición particular del tiempo, espacio y material que configura la escuela para despertar su interés por aprender. Si queremos llevar algo de la escuela a la casa estos aspectos deben ser considerados, especialmente prestando atención a las necesidades propias de niños y niñas. Claramente la respuesta no es nada fácil, sin embargo, los estudiantes pueden dar claves más precisas de lo que requieren en estos momentos de su escuela, importantes de ser escuchadas. Evidencia científica emanada desde el Centro de Investigación para la Educación inclusiva y de otras investigaciones nacionales plantea que para los niños y niñas la escuela es representada como un lugar distintivo que les permite el encuentro con otros, principalmente con sus docentes y compañeros/as. Para los estudiantes el sentido esencial de la escuela es poder aprender colaborativamente con otros, así como también establecer relaciones afectivas con los miembros de la comunidad educativa. De esta manera, el bienestar de los niños y niñas en la escuela está asociado a compartir y a divertirse con su grupo de pares así como también a sentirse constantemente acompañados, cuidados y apoyados por los profesores. Por tanto, desde la perspectiva de los estudiantes no basta con asegurar tan sólo la entrega de contenidos, sino que un pilar fundamental es también mantener las relaciones interpersonales y vínculos relevantes con la escuela. Si se va a utilizar la tecnología a favor –ciertamente para los que tienen acceso– se hace necesario buscar alternativas para que docentes y compañeros/as puedan mantenerse contactados entre sí.  Por ejemplo, en vez de sólo enviar una guía de trabajo los docentes también pueden conversar directamente con aquellos estudiantes que lo necesitan o mandar un video con caras y voces conocidas en lugar de entregar un enlace de algún material realizado por alguien con quien no tienen ningún tipo de conexión. Generar encuentros online entre todo el curso y compartir ideas en conjunto es una alternativa que resulta motivadora para el estudiante ya que favorece el efecto par para el aprendizaje. Para acercar la escuela en medio de esta crisis que limita el contacto físico se hace imprescindible facilitar instancias de encuentro para mitigar en algo la distancia así como para ayudar a los niños y niñas a recuperar parte de lo que para ellos es de gran valor: su comunidad, su vida cotidiana y el poder expresar su propio sentir y vivencias, aspectos sin duda relevantes para generar mejores condiciones para su aprendizaje y bienestar. Para acceder a columna publicada en El Mostrador CLICK AQUÍ

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CIERRE DE ESCUELAS: AMENAZA A LA PROMESA DE INCLUSIÓN

Autor: Dra. Verónica López, Directora Centro Eduinclusiva. Columna publicada en La Tercera el 15 de enero de 2020. Fotografía: Agencia Uno En las últimas décadas, Chile ha seguido el sendero de las políticas de rendición de cuentas a través de la implementación de normativas como la Subvención Escolar Preferencial y el Sistema Nacional de Aseguramiento de la Calidad, instalando un ambiente punitivo que ha transformado la cultura escolar, las prácticas pedagógicas y de gestión, generando altas consecuencias en establecimientos educacionales que no cumplen con estándares de calidad. Este modelo de política educativa responsabiliza a las escuelas y las ordena a partir de indicadores cognitivos del SIMCE (Lenguaje y Matemáticas, principalmente) y de Desarrollo Personal y Social (IDPS) cuyo análisis ponderado y corregido da lugar a las categorías de desempeño alto, medio, medio-bajo e insuficiente. Si después de cuatro años una escuela se mantiene en un nivel insuficiente y no logra mejoras significativas corre el riesgo de ser intervenida o de perder su reconocimiento oficial que la llevará finalmente al cierre. Contraviniendo el principio de calidad educativa amplia e integral que establece la Ley General de Educación esta política reduce la acción pedagógica a aquellos aspectos cognitivos medidos por SIMCE (ponderación mayor a 67%) en desmedro de los Indicadores de Desarrollo Personal y Social (33%). Es así como los resultados de la “Categoría de Desempeño 2019” publicados recientemente por la Agencia de Calidad de la Educación indican que 36 establecimientos están en riesgo de cierre. ¿Cuál es el impacto social y cultural que el cierre de una institución social tan importante como la escuela puede generar en su entorno? Evidencia científica de nivel internacional plantea que las pruebas estandarizadas ejercen una alta presión sobre los actores educativos generando regímenes de jerarquización que impactan principalmente aquellos establecimientos que atienden a la población de estudiantes provenientes de contextos más vulnerables. En efecto, al analizar los 218 establecimientos de enseñanza básica que hasta hace unas semanas estaban en riesgo de cierre por haber sido clasificados como insuficientes durante tres años seguidos constatamos que, en su mayoría, son escuelas municipales urbanas que atienden a los estudiantes más pobres del país. El 71% cuenta con más de 10% de estudiantes inmigrantes, el 61% con más de 10% con ascendencia indígena, y el 90% tiene más del 10% de alumnos con necesidades especiales. No se puede atribuir a las escuelas la responsabilidad exclusiva del fracaso pues los elementos que más pesan son externos a ellas. Investigaciones de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, lideradas por la Dra. Carmen Gloria Núñez, demuestran que el cierre de escuelas rurales tiene un alto impacto en las comunidades ya que son valoradas como un lugar de encuentro y articulación colectiva que permite la construcción de identidad territorial. Niños y niñas han expresado que la experiencia comunitaria de su escuela de origen no es transferible a otro establecimiento porque no necesariamente asegura calidad de los aprendizajes e implica la pérdida de capital social acumulado. Probablemente, efectos similares se producen en zonas urbanas, especialmente en aquellas más segregadas a nivel social y territorial. Bajo una arquitectura educacional construida sobre el modelo de evaluación estandarizada iniciado durante la dictadura cívico-militar, el cierre de escuelas representa una amenaza ante la promesa de inclusión de nuestro sistema educativo, en tanto favorece mecanismos de segregación y exclusión de los estudiantes, especialmente los más vulnerables, poniendo en riesgo las trayectorias educacionales y atentando contra la cohesión social de la escuela y su potencial transformador como espacio creador y articulador de tejido social. Entre las múltiples demandas que emanan de las masivas movilizaciones ciudadanas están la justicia social y los cambios sustanciales al actual sistema educativo. En este contexto, en vez de pensar en el cierre de escuelas debemos como sociedad –y Estado– asumir el desafío de fortalecerlas para cumplir con el compromiso de una educación inclusiva y de calidad para todos y todas. Leer columna publicada en La Tercera: CLICK AQUÍ

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COMIENZA ESCUELA DE VERANO EDUINCLUSIVA 2020

“Las políticas de rendición de cuentas en educación y sus efectos” es la temática central de la 3ª versión de la Escuela de Verano Eduinclusiva inaugurada el miércoles 8 de enero en la Facultad de Filosofía y Educación de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV). Durante tres días, académicos e investigadores de vasta trayectoria nacional e internacional intercambiarán conocimiento y experiencias con investigadores jóvenes, estudiantes de postgrado, miembros de equipos de investigación, representantes de sindicatos y organizaciones sociales del área de educación. Bajo el principio de que la investigación y la producción académica deben tener un sentido transformador para mejorar la calidad de vida de las comunidades escolares se realizarán conferencias, mesas redondas, talleres metodológicos, actividades sello y culturales, y un cabildo constituyente, entre otras iniciativas. “El desafío está en cómo abordar políticas educativas que desde una perspectiva inclusiva permitan el acceso, la permanencia, el aprendizaje y la participación de todos y todas en los distintos niveles de la enseñanza formal. La experiencia escolar debe ser un espacio de goce, disfrute y bienestar para todos los niños y niñas, independiente de sus diferencias culturales, de género, lengua, etnia, idiosincracia, capacidades y nivel socioeconómico, entre otras”, afirmó en el acto inaugural la Dra. Verónica López, Directora del Centro de Investigación para la Educación Inclusiva. “Desde una perspectiva universitaria, y haciendo referencia a lo que está ocurriendo en el país, este Centro hace un llamado a poner atención en materia de educación. La universidad tiene un rol fundamental y puede orientar porque pone atención a problemáticas profundas”, señaló Arturo Chicano, Vicerrector de Desarrollo de la PUCV. Durante la Escuela de Verano Eduinclusiva participarán investigadores internacionales expertos en política educativa, entre ellos, Romuald Normand de la Université de Strasbourg de Francia; Álvaro Hypolito, de la Universidad Federal de Pelotas de Brasil, y Marilda Pasqual de la Universidad del Oeste de Santa Catarina de Brasil. A la vez, estarán presentes connotados investigadores nacionales, quienes junto a investigadores del Centro Eduinclusiva, transmitirán conocimiento y habilidades de análisis crítico acerca de políticas educativas y los efectos de la rendición de cuentas en los procesos investigativos en educación. La Escuela de Verano Eduinclusiva es un espacio formativo que busca hacer un aporte significativo a la proyección de una transformación del sistema educativo desde diversas perspectivas críticas. De ahí la importancia de delinear y levantar evidencias sobre los efectos que han tenido las orientaciones educativas para los diferentes niveles de los sistemas escolares. Más información: www.eduinclusiva.cl/escueladeverano

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INTEGRANDO SALUD MENTAL Y CONVIVENCIA ESCOLAR EN LA COMUNA DE QUILPUÉ

Artículo publicado en el diario El Mercurio de Valparaíso el 14 de diciembre de 2019. Contribuir a la construcción de contextos educativos emocionalmente seguros que favorezcan la convivencia pacífica y promuevan el bienestar es el objetivo de la “Primera Expo de Prácticas de Bienestar”, impulsada por la Corporación Municipal de Quilpué en conjunto con el Centro de Investigación para la Educación Inclusiva. Esta iniciativa es una invitación que se extiende a integrantes de la comunidad educativa de la comuna a compartir y relevar prácticas que integren salud mental y convivencia escolar, promoviendo así el bienestar de la comunidad. “La idea es juntar dos constructos: salud y educación en prácticas de bienestar”, señala la Dra. Paula Ascorra, Investigadora Principal del Centro de Investigación para la Educación Inclusiva y Directora de la Escuela de Psicología de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. “El supuesto es que formas de vida inclusivas, respetuosas de la diferencia y participativas promueven la salud mental. Existe una relación de cómo uno vive y la salud mental que se tiene. La pregunta es cómo avanzar desde una perspectiva de cómo se habita el espacio en esta convivencia”, explica. “Nos propusimos comprender el concepto de salud de manera amplia ya que no se trata sólo de la salud en el consultorio, sino que también en el barrio y en la escuela. Queremos generar un espacio para compartir lo que los establecimientos educacionales realizan en torno a estos temas y es por ello que con entusiasmo motivamos a los docentes a ser parte de esta iniciativa”, complementa Daniela Ibacache, psicóloga de la Corporación Municipal de Quilpué. Saber habitar con otro Las instituciones organizadoras de la “Primera Expo de Prácticas de Bienestar” invitaron a profesores de escuelas de la comuna a identificar prácticas que implementan en sus salas de clases que promuevan convivencia y salud mental, y a enviar relatos inéditos hasta el 20 de enero. En abril se seleccionarán algunas experiencias y serán los mismos protagonistas quienes expondrán en un seminario abierto lo que hacen, las razones y su importancia. “La apuesta es que sean los actores de la comuna los propios formadores de otros actores, que exista un intercambio de experiencias desde la realidad local. Es un llamado a reconocer los recursos que poseen las escuelas y el valor de sus iniciativas, y a compartirlo”, afirma Daniela Ibacache.    Una de las demandas específicas del movimiento social actual está relacionada con salud mental. Según cifras de la Organización Mundial de la Salud, en Chile la prevalencia de trastornos de salud mental es de 22,5%, explica la Dra. Paula Ascorra “Cuando no recibes un trato digno te enfermas, sufres, te estresas y empiezas a tener consecuencias físicas y psicológicas. La invitación es a ver que los problemas de convivencia no tienen que ver con orden, disciplina o control sino que con saber habitar con otro. No hay salud mental sin justicia social y no hay justicia social sin participación, democratización y convivencia”, concluye la investigadora. ¿Quiénes pueden participar? Todos los integrantes de la comunidad escolar, pertenecientes a un establecimiento educativo municipal, particular subvencionado o particular, de la comuna de Quilpué. Bases disponibles en www.eduinclusiva.cl y www.cmq.cl Consultas: expobuenaspracticas@pucv.cl Para acceder al artículo publicado en El Mercurio de Valparaíso CLICK AQUÍ

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Respuesta a proyecto de ley sobre adoctrinamiento político

Autores: Directores e investigadores de centros de investigación, núcleos Milenio y proyectos Anillo. Columna publicada en La Tercera el 29 de noviembre de 2019 El Ministerio de Educación anunció medidas, entre ellas un proyecto de ley, que buscan sancionar el “adoctrinamiento político” a menores en escuelas y jardines infantiles. Al respecto, como directores e investigadores de centros de investigación, núcleos Milenio y proyectos Anillo –financiados con fondos públicos de fomento a la investigación– queremos transmitir a las autoridades gubernamentales, legisladores y a la ciudadanía nuestro análisis sustentado en resultados de nuestras investigaciones: Tras diecisiete años de implementación de la Política de Convivencia Escolar y ocho años de la Ley de Violencia Escolar y del Sistema de Aseguramiento de la Calidad de la Educación –que creó la Superintendencia de Educación– se observa que la gestión de la convivencia escolar está basada principalmente en el reglamento y sus sanciones, limitándose a una revisión formal para evitar multas. Hoy más que nunca se hace necesario avanzar hacia un tipo de convivencia que forme para la vida democrática e incorpore las vivencias y experiencias de los y las estudiantes al interior del aula y del establecimiento educacional. Para ello es fundamental crear espacios reales de participación que estén abiertos a la diferencia, tanto de ideas como de orientación sexual, religión, etnia y nivel socioeconómico, entre otros. El aprendizaje de una convivencia democrática que promueva la argumentación y el debate reflexivo resulta clave para la cohesión social, así como para el desarrollo moral y del pensamiento crítico. La Ley de Formación Ciudadana es, desde 2016, obligatoria para todos los establecimientos educacionales y exige un Plan de Formación Ciudadana que promueva la implementación de acciones pedagógicas que lleven a los estudiantes a desarrollar su propio pensamiento acerca de lo político, entendido como la idea sobre el bien común. El deber de la escuela en el ámbito de formación ciudadana es cumplir con las orientaciones curriculares que refuerzan la formación para una ciudadanía crítica y activa. Esto no es una forma de violencia. Por el contrario, las investigaciones demuestran que la discusión abierta en la sala de clases sobre distintos temas políticos se asocia a resultados positivos en los estudiantes, que incluyen expectativas de participación política y social, actitudes de empatía hacia los demás y conocimiento cívico. La participación activa de los estudiantes en la toma de decisiones de la escuela es también el mejor predictor escolar de los atributos cívicos. Esto requiere una discusión sobre experiencias sociales vividas, así como el uso de documentos sobre el pasado dictatorial en la enseñanza. Todos estos ejercicios pedagógicos resguardan la participación activa y deliberativa de los estudiantes, así como sus derechos políticos. Teniendo en consideración que ya existen mecanismos institucionales para resguardar los derechos de los niños, nuestra recomendación es instar a las comunidades escolares a resolver conflictos recurriendo a las instancias internas ya regladas por ley en los establecimientos educacionales, y en caso de no ser suficiente, acudir a la Superintendencia de Educación para que investigue casos denunciados. El aula debe ser un espacio de libertad y confianza. Un proyecto legislativo como el impulsado por el Ministerio de Educación sólo logrará regular la conversación y el debate en el aula, limitando el pensamiento crítico, la reflexión y la argumentación de ideas, coartando la libertad docente e impactando negativamente el desarrollo cívico de los estudiantes. A la vez, nos parece que en la elaboración de este tipo de proyectos se requiere consultar previamente a quienes por años están realizando investigaciones en educación. De lo contrario, se convierten en iniciativas polémicas y poco efectivas, sin base empírica ni teórica seria, que sólo desvían la atención del objetivo central: mejorar la calidad de la educación. En los difíciles momentos por los que atraviesa Chile instamos a las autoridades de Gobierno a actuar con máxima prudencia, fomentando siempre el diálogo y evitando impulsar iniciativas que aumenten la crispación y desconfianza, generando polarización y provocando divisiones que acentúen la crisis social. Esta columna fue escrita por: Verónica López, Directora del Centro de Investigación para la Educación Inclusiva. Directora del Programa de Apoyo a la Convivencia Escolar PACES PUCV Andrés Bernasconi, Director Centro de Justicia Educacional (CJE) Alejandro Carrasco, Director Centro de Estudios de Políticas y Prácticas en Educación (CEPPE) Alejandra Mizala, Directora Centro de Investigación Avanzada en Educación (CIAE) Juan Carlos Castillo, Subdirector Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES) Claudia Matus, Directora Proyecto Anillos “La Producción de la Norma de Género” Oriana Bernasconi, Directora Proyecto Anillos “Tecnologías Políticas de la Memoria” Kathya Araujo, Directora Núcleo Milenio “Autoridad y Asimetrías de Poder” Para acceder a columna publicada en La Tercera CLICK AQUÍ

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Declaración de rechazo al uso de la violencia por parte del Estado

La línea 4 de investigación ⎯Prácticas de aula y de escuela para la Inclusión⎯  perteneciente al Centro de Investigación para la Educación Inclusiva, en vista del actuar de Carabineros de Chile en su rol de agentes del Estado, rechaza la detención ilegal y repudia la violencia ejercida a 5 niñas/os y adolescentes el miércoles 13 de noviembre en la comuna de Villa Alemana. Este hecho se suma a una serie de prácticas de fuerza y de arbitrariedad cometidas por el Estado de Chile en las últimas semanas en el contexto de las movilizaciones nacionales. Cuando hablamos de una educación digna que no discrimine entre quienes son las/os educandos, estamos hablando de un tema que sobrepasa los límites de las escuelas: el aprendizaje ocurre en todos los espacios y aprendemos en todo momento. ¿Qué estamos aprendiendo con acciones violentas e ilegales por parte de representantes del Estado? ¿Preferimos que nuestras/os estudiantes aprendan a tener miedo, a no manifestar sus ideas, a escuchar solo a quienes piensan igual, a evitar acercarse a un uniformado, a creer que una sociedad injusta es algo que no se puede transformar, a dejarles como espectadores sin agencia para un cambio social que discuten y hacen otros para ellas/os? En estos tiempos de transformación, miramos y experimentamos claramente las consecuencias del pasado en nosotros/as mismos/as. Desde el pasado a este momento, y desde este momento hacia la sociedad que deseamos construir, los niños, las niñas y las/os jóvenes están creando el pueblo del futuro. Las/os representantes del Estado chileno que violan derechos humanos, el gobierno temeroso de perder sus privilegios, las/os parlamentarias/os empantanadas/os en su lentitud, y todas/os nosotras/os estamos enseñando en una gigantesca comunidad de aprendizaje, y créannos, las/os niñas/os y las/os jóvenes están tomando nota. Por lo tanto, en el día de mañana las/os adultas/os no podremos decir que la crisis nunca se previó. Como profesoras/es, investigadoras/es y permanentes aprendices nos oponemos, por un lado, a pensar la infancia y la adolescencia desde una perspectiva adultocéntrica debido a que limitamos el desarrollo de su ciudadanía y, por otro lado, condenamos la falta de protocolos de la Sexta Comisaría de Villa Alemana para el ejercicio de protección de sus ciudadanas/os y la falta de empatía con las personas involucradas y sus familias. Esperamos que el Gobierno se pronuncie y haya una compensación con nuestras/os niñas/os y jóvenes para, de alguna manera, aplacar su dolor y que las huellas de este evento puedan sanar y, con ello, nuestra sociedad no quede indolente frente a la violencia.

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Estudio demuestra que adolescentes llamados “manzanas podridas” no tienen su destino sellado

Un estudio de la U. Andrés Bello demostró que los adolescentes poco generosos pueden cambiar su comportamiento si están inmersos en un ambiente positivo. (Revista Qué Pasa, 13 de noviembre de 2019) Siempre se dice que cuando una manzana está podrida, hay que evitar que entre en contacto con otras manzanas porque terminará por podrirlas a todas. Es una analogía que suele usarse con los adolescentes problemáticos: si uno empieza a podrirse, mejor alejarlo del resto y evitar que su influencia negativa los contagie.Sin embargo, un estudio del Centro de Investigación para la Educación Inclusiva que fue publicado en la revista británica Sociological Research Online, reveló que esta concepción sobre las “manzanas podridas” podría estar equivocada. El objetivo principal del estudio era evaluar, en términos generales, la consistencia de la actitud prosocial de los adolescentes. Para lograr este cometido, los investigadores hicieron que más de 100 jóvenes entre 15 y 18 años usarán dos juegos de computador, los cuales medían su generosidad y colaboración. El primer juego era en parejas -en ninguna etapa del estudio los adolescentes sabían con quien estaban jugando, todo fue siempre hecho de forma anónima-. A cada voluntario le daban 10 fichas virtuales, reflejadas en monedas de oro, con una simple instrucción: podían compartir las fichas que ellos quisieran (una, cinco, todas o ninguna) con su compañero asignado. El segundo juego era grupal, cinco adolescentes formaban un equipo en el cual cada uno de sus integrantes tenía las mismas 10 fichas. La dinámica en esta ocasión era que cada joven debía decidir cuantas fichas aportaba al fondo común del equipo para crear un proyecto conjunto, una vez que todos entregaban sus donaciones las fichas eran sumadas, multiplicadas por dos y divididas entre todos los integrantes en partes iguales. Esa dinámica se repitió 10 veces y después de cada ronda, los adolescentes sabían cuánto había donado cada miembro del equipo. El punto principal del estudio era analizar la relación entre el comportamiento de los adolescentes en el primer juego con su desempeño en el segundo, ¿Cómo se comportaban aquellos chicos que habían donado mucho al comienzo? Y sobre todo, ¿Cómo se comportaban aquellos que no habían donado casi nada en el primer juego, las “manzanas podridas”? “Observamos que los menores que fueron muy generosos (en el primer juego), efectivamente son muy colaborativos en el segundo. Incluso cuando están entre pares que no colaboran mucho, seguían donando aunque otros no lo hicieran. En el otro extremo, quienes en el primer juego no fueron tan generosos, tendieron a adaptarse a las características de su grupo. Si en la primera ronda veían que sus pares no colaboraban mucho, dejaban de colaborar. En cambio, si veían que en la primera ronda sus pares colaboran mucho, aportaban más de cinco fichas al proyecto común”, explica Mauricio Salgado, investigador líder del estudio. Salgado explica que este comportamiento refleja, por una parte, que las “manzanas podridas” no afectan aquellos adolescentes que son muy generosos (pues continúan siéndolo aunque el resto no lo sea). Y sobre todo, que las “manzanas podridas” son capaces de aprender de sus pares, dejándose influir positivamente por ellos. “La ‘manzana podrida’ puede dejar de estar podrida dependiendo del entorno. Muchas veces pensamos que hay chicos que no tienen remedio y que es mejor aislarlos, esto prueba que no necesariamente eso sea lo mejor, sino que todo lo contrario”, concluye Salgado. Enlace a artículo publicado: CLICK ACÁ

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La ley de Sala Cuna debe ser pública o no será universal

Autora: Silvia Redon, investigadora principal de la Línea Ciudadanía y Educación del Centro de Investigación para la Educación Inclusiva. Columna publicada en La Tercera el 6 de noviembre de 2019. Frente a las diversas demandas ciudadanas –que desde el 18 de octubre se han escuchado a viva voz en las calles de todo el territorio chileno con una masiva convocatoria– el Gobierno ha respondido con una serie de propuestas legales intentando atenuar una protesta social sin precedentes. Entre las diversas acciones impulsadas, ha manifestado especial interés en acelerar la aprobación de la Ley de Sala Cuna Universal. Lo que subyace a esta iniciativa es una política que propende a debilitar y amenazar la Educación Pública en Chile. La sala cuna está reconocida oficialmente como el primer nivel educativo. Sin embargo, esta Ley – amparada por el Ministerio de Trabajo y no por el de Educación– tiende a comprender la sala cuna como “guardería” para madres trabajadoras y no como el primer y más relevante eslabón pedagógico en la vida de un ser humano. Desde el desarrollo evolutivo y las neurociencias está demostrado que educar a niños y niñas en los primeros años de vida produce una explosión exponencial en el sistema nervioso central y en las diversas habilidades para la vida futura. Tener una mala educación inicial es incluso peor que no tenerla. Chile ha venido desarrollando diferentes normativas que tienen que ver con elevar los estándares en la educación infantil, que se vinculan con indicadores de infraestructura, programas pedagógicos, personal profesional, material didáctico y espacios verdes para la educación infantil. No está claro cómo esta Ley resguardaría estos estándares que son difíciles de concretar ni las exigencias a los y las profesionales para ejercer un rol pedagógico en la sala cuna. Considerando que hoy existe un déficit de más de 7 mil profesionales en educación especial, este retroceso conceptual es muy riesgoso. Además, al contemplar la atención sólo hasta los dos años se fracturaría la trayectoria educativa de los párvulos,  generando un vacío en la continuidad pedagógica. Aprobar esta Ley implica retroceder en los altos indicadores de calidad con que cuentan instituciones de prestigio mundial como JUNJI e INTEGRA, que han desarrollado programas que destacan por su calidad educativa en un marco de justicia social, reuniendo a niños y niñas de diversas clases sociales bajo una excelente y oportuna propuesta pedagógica, profesional y pública, es decir, plenamente universal. En lo que a financiamiento se refiere, actualmente las empresas que contratan a más de 20 mujeres tienen la exigencia de cubrir la sala cuna. En contraposición, con esta Ley este derecho se perdería, recayendo la obligación en la ciudadanía a través del pago impuestos (0,1%), cuantiosos recursos que serían administrados por una sociedad anónima, compañía de seguro o incluso una AFP. Junto con generar un nicho de utilidades para la sociedad anónima administradora también generararía una lógica mercantil de vouchers, en donde privados administrarían las guarderías y obtendrían ganancias con recursos estatales. En resumen: la Ley impulsada por el Gobierno de Sebastián Piñera atenta contra la Educación Pública planteando que la sala cuna ya no será un derecho sino un beneficio pagado por todos los chilenos y chilenas al albedrío del sector privado para generar utilidades a un particular. Una Ley para educación inicial es muy importante y requiere ser reformulada al alero de una Educación Pública de calidad. En las calles se ha escuchado fuerte a la sociedad chilena protestando en contra de un modelo neoliberal en la educación, clamando por un espacio educativo en el que se encuentre toda la ciudadanía y rechazando iniciativas que promuevan la educación como un nicho más de negocios y segmentación. La ley de Sala Cuna Universal debe ser pública o no será universal. Para acceder a columna publicada en La Tercera CLICK AQUÍ

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